Sin Visa Con Voz: Relato Migrante

Sin Visa Con Voz: Relato Migrante

Un nuevo integrante en Sin visa, con voz: César Sepúlveda

  


Sin visa, con voz sigue creciendo.
No como proyecto, sino como espacio vivo.

Hoy se suma a este camino César Sepúlveda,
psicólogo clínico,
y, sobre todo, acompañante humano.

Su llegada no responde a una necesidad técnica,
sino a una verdad profunda:
La migración no solo se atraviesa con papeles,
se atraviesa con el cuerpo, la mente y el corazón.

César aporta a este espacio una mirada sensible y clínica a la vez,
un lugar donde el dolor migrante no se minimiza
ni se patologiza,
sino que se escucha.

Aquí no viene a “arreglar” a nadie.
Viene a sostener procesos.
A poner palabras donde hubo silencios.
A acompañar duelos que no siempre encuentran permiso para existir:
el duelo por la tierra,
por la identidad,
por lo que se fue
y por lo que no pudo ser.

Su presencia reafirma algo esencial en este blog:
Migrar no es solo un cambio de país,
es un movimiento profundo del ser.

En Sin visa, con voz,
la salud mental no es un lujo,
es una necesidad urgente.
Y hablar de ella también es un acto de resistencia.

Este espacio se amplía para seguir nombrando lo que duele,
para acompañar con humanidad,
y para recordar que nadie debería atravesar la experiencia migrante en soledad.

Bienvenido, César. (@cesar_sepulveda_cs)
Que este lugar también sea tu refugio.

 

enero 15, 2026

Pablo: El acto heroico de salir de mi País.


Pablo es un joven colombiano que llegó a España buscando oportunidades y terminó encontrándose a sí mismo. Pasó por trabajos de construcción, agricultura, servicio doméstico y ahora hostelería. Aunque sigue en situación irregular, su camino ha estado lleno de crecimiento, aprendizajes y una fortaleza que solo nace cuando uno se atreve a empezar de cero.

En la soledad descubrió su carácter. En el trabajo duro, su disciplina. Y en los amigos, una nueva forma de familia que lo sostiene y lo impulsa. Hoy, Pablo mira hacia adelante con optimismo, agradecido por lo vivido y confiado en lo que viene.

Esta es la historia de un joven que convirtió la incertidumbre en impulso, y la migración en una oportunidad para reinventarse. Bienvenidos a Sin Visa, Con Voz, un espacio para escuchar las voces que se levantan, incluso lejos de casa. 


diciembre 11, 2025

Fernanda: Lo que nadie cuenta de trabajar en España siendo migrante.


Hoy te presento la historia de Fernanda, una psicóloga Colombiana que llegó a España con un sueño y terminó enfrentándose a una realidad que pocos se atreven a contar: trabajar en negro, sin garantías y sin voz.

Su experiencia es dura, honesta y necesaria. Porque detrás de cada migrante hay una verdad que merece ser escuchada. 

Bienvenidos a este espacio donde las historias incómodas también tienen lugar. 

noviembre 20, 2025

Capítulo 10: Ser despedida también es liberación

“No todos los finales son fracasos. A veces perder el trabajo es volver a encontrarse.”

El día en que se rompió todo (y algo sanó)

Ese día llegué radiante al trabajo.
Me sentía más estable, más enfocada, con una energía tranquila que hacía días no reconocía en mí. Había dormido bien, desayunado sin prisa y hasta me había permitido escuchar música de camino. Todo parecía alinearse, como si por fin el cuerpo y la mente caminaran al mismo ritmo.

Pero al cruzar la puerta del almacén, algo en el ambiente se sintió distinto. Era una sensación densa, extraña, pero real. Los compañeros estaban más callados, las miradas eran esquivas, el ruido de las máquinas sonaba más metálico, más frío.
Algo había cambiado —aunque nadie lo dijera en voz alta— y mi cuerpo lo percibió antes que mi razón.

Respiré hondo, intenté mantener la calma y repetí mentalmente: “solo concéntrate, haz lo tuyo, fluye”. Pero esa sensación siguió ahí, como una advertencia silenciosa de que ese día, algo —quizá pequeño o quizá enorme— iba a moverse dentro de la rutina.

En cuestión de minutos, cometí un error técnico. ️

Una alerta. Una firma. Un acta de compromiso.
Una llamada disfrazada de advertencia.

Todo sucedió tan rápido que apenas tuve tiempo de procesarlo.
tensas, en las metas imposibles que ya nadie alcanzaba.

Mi cuerpo lo supo antes que mi mente. Sentí esa electricidad detrás del cuello. Esa punzada en el pecho. Y aunque dolía, también había una parte de mí que, en el fondo, lo sabía hacía tiempo. Era el presentimiento inconfundible del final.

Un final que no empezó con ese error, sino mucho antes: En los silencios, en las miradas.



Cuando el esfuerzo no basta

Llevaba meses dando todo. Exigiéndome. Intentando alcanzar objetivos inalcanzables. Aguantando jornadas duras, sin resultados proporcionales. Empecé a notar que mi productividad se medía en puntos, no en humanidad. Cada fallo era una amenaza.

Ese día, después del acta, seguí trabajando con el presentimiento de que sería el último. Y lo fue. Horas más tarde me llegó el mensaje: “Has sido despedida”.

Sentimientos mezclados

Sentí una descarga: rabia, tristeza, alivio. Me dolió no haber podido cumplir. Me dolió  en el ego. Pero también respiré. Ya no tendría que volver a ese lugar de presión y despersonalización. Me liberaron. O me liberé. O ambas.

Y en medio del caos, surgieron preguntas nuevas: ¿Si estaba incómoda, por qué no me fui antes? ¿Era miedo al cambio? ¿A fracasar? ¿A repetir errores? ¿Me estaba quedando por convicción o por resignación?

Cierre del capítulo

Polonia no fue un país, fue una escuela. Una que enseñaba con rudeza. Que rompía estructuras. Que no pedía permiso para confrontarte. Ser despedida no fue un castigo. Fue la puerta que no me atrevía a abrir.

Y ahora sé que a veces perder un trabajo es salvarse de perderse a una misma.

 

Si este relato te tocó, compártelo. Que otras voces también se levanten. 

📣 Sígueme y acompaña esta historia migrante:

👉🏽 @sinvisaconvoz
👉🏽 @abogadadianamigrante

#SinVisaConVoz #HistoriaMigrante #VocesQueResisten #HistoriasQueSanan

 



noviembre 06, 2025

Capítulo 9: Un día de descanso

“Volví a mí. Y eso fue suficiente.”

Un retiro sin planear

El lunes fue un día distinto. Un descanso inesperado que terminó siendo un retiro personal.
Sin agenda, sin presión. Solo yo, escuchándome.
Me sentí cómoda conmigo misma. Reconocí mis gestos, mis emociones, mi forma de observar el universo.
Y algo dentro de mí se abrió, como si recordara que ya he estado en conexión antes, y que puedo volver a estarlo.

Lo que el cuerpo pidió

Ese día no hubo exigencia, solo tareas que me devolvían al cuerpo y al placer simple de estar viva:

  • Ir a la peluquería
  • Comprar ropa para mí
  • Ir a correr
  • Caminar por el río
  • Sentarme en el puente a ver el tren pasar, con una cerveza
  • Comer helado
  • Tomar café sin prisa
  • Hacer yoga
  • Bañarme con calma

Y lo más importante: Permitirme estar.

Reconocer lo que ha sido

Ese día entendí dos cosas importantes

  1. He estado sobreviviendo.
  2. No me he permitido simplemente ser.
He caminado cada día pensando en el segundo siguiente. Pidiendo respuestas. Queriendo entenderlo todo.

Me juzgué por sentir, por hablar mucho, por estar sensible, por no ser siempre concreta.
Pero también me di cuenta de que el amor, la ternura y hasta las distracciones me sostienen.
Y eso… también es valioso.

La niña y la adulta

Hoy me sentí pequeña.
Como una niña que interrumpe, que pregunta, que se siente vulnerable en su propio cuerpo.
Y entendí que esa niña necesita atención, escucha, helado…
A veces también flores.

Soy la adulta responsable de esa niña.
La que puede acompañarla, abrazarla, no forzarla a salir si no quiere.
Solo estar con ella. Conmigo.

Lo que deseo

No quiero pensar más en bienestar.
Quiero acompañarme, sin juicio.
Quiero soltar la exigencia de ser feliz todo el tiempo.
Solo para dejar que algo florezca sin presión.

Cierre

Hoy elijo rendirme a esta sabiduría lenta, intuitiva.
Elijo caminar con esta presencia amorosa,
aunque a veces me duela, aunque sea torpe, aunque se repita.

Gracias, Nowy Dwor Mazowiecki
Por inspirarme, por ser flor, por enseñarme que estar… también es avanzar.
Despacito. Como quien se vuelve a mirar con amor.


Si este relato te tocó, compártelo. Que otras voces también se levanten.

📣 Sígueme y acompaña esta historia migrante:

👉🏽 @sinvisaconvoz
👉🏽 @abogadadianamigrante

#SinVisaConVoz #HistoriaMigrante #VocesQueResisten #HistoriasQueSanan

 

octubre 24, 2025

Capítulo 8: Un día de trabajo

 "Aquí no hay tiempo para pensar. Solo para rendir. Solo para sobrevivir.”

Comenzar la jornada: precisión o castigo

Un día laboral comienza así:

  • Llegar puntual a la parada del autobús.
  • Marcar tarjeta de entrada para tomar el tiempo.
  • Guardar pertenencias en los lockers y cargar con el carrito reglamentario: guantes, uniforme limpio, y botella plástica para el agua.
  • Conseguir un scanner que funcione bien (teclado operativo, lector rápido).
  • Escoger una batería decente que aguante mínimo 3 horas seguidas.
  • Elegir una categoría que te permita alcanzar 13,8 puntos por hora.

Parece simple. Pero no lo es. Fallar en cualquiera de estos pasos puede marcar la diferencia entre un día soportable o un infierno laboral.

El trabajo físico, la rutina y el desgaste



Mi labor consiste en colocar productos en la ubicación correspondiente.
Rápido, sin errores, sin pausas. Cajas, cartones, estibas, plásticos, pedidos pequeños o gigantes.

Las jornadas duran entre 10 y 12 horas. Monotonía pura.
El ritmo lo marca un número: 13,8. Es el promedio de puntos por hora.
Eso equivale a mover entre 50 y 80 productos por hora, dependiendo del tamaño y peso.
Si bajas el ritmo, pierdes.
Si fallas, te marcan.
Si no resistes, te reemplazan.

Y entre los pallets, hay peleas. Porque no todos pesan igual.
Unos son más livianos. Otros, imposibles de mover sola.
Pero aquí nadie pregunta si eres hombre o mujer.

Entre el silencio, la violencia y el miedo

No hay equidad. No hay trato justo.
Cargar pallets de 1000 kilos no es opcional. Es parte del día.
Y si te quejas, hay silencio. Si fallas, hay castigo.

El  grupo de brigadistas es el terror: los que hablan fuerte, los que tienen poder, los que deciden si te vas.
Y quienes se salvan son siempre los mismos: ucranianos, filipinos.
Los demás vivimos bajo la amenaza sutil de una “yellow card”.
Esa tarjeta puede invalidar todo tu turno.
Una palabra mal dicha, un gesto, y todo tu esfuerzo se borra.

El único descanso

El único respiro real: 30 minutos para calentar el almuerzo.
Ahí, en ese pequeño paréntesis, puedes recordar que eres humano.
Pero después, vuelve el ritmo.
Vuelve el peso.
Vuelve el conteo.

La segunda parte de la jornada duele más.
El cuerpo pesa, los pies arden, la energía no alcanza.
Pero no importa. La meta sigue siendo la misma: No bajar el rendimiento.

Polonia, tierra de sueldos “grandes” y cuerpos agotados

Las agencias lo prometen: 7 u 8 millones mensuales.
Pero nadie cuenta lo que cuesta ese sueldo.
Lo que callan es que no es un salario: Es una deuda física.
Es empujar tu cuerpo al límite en el sector más explotado de Europa: El almacenaje.

Esa es la verdad que no aparece en los folletos de trabajo en Colombia.
Esta es la historia que sí merece ser contada.

Si este relato te tocó, compártelo. Que otras voces también se levanten.

Sígueme y acompaña esta historia migrante:

👉🏽 @sinvisaconvoz
👉🏽 @abogadadianamigrante

#SinVisaConVoz #HistoriaMigrante #VocesQueResisten #HistoriasQueSanan

 

octubre 23, 2025

Capítulo 7: Tinder, idioma y deseo

 “El amor y el deseo no entienden de idiomas, pero sí revelan todo lo que no hemos sanado.”

Entre match y malentendidos

Abrí Tinder por aburrimiento. O por curiosidad. O por necesidad de sentir que algo me conectaba a lo humano. En medio de tanta espera, angustia y silencio, necesitaba una chispa. Una notificación. Una validación.

Hice match con varios. Polacos, ucranianos, latinos… pero uno en especial me llamó la atención: Un chico Alto, serio, ojos expresivos. Hablaba polaco e inglés. Yo, apenas con mi español. Pero la química fue inmediata. Las conversaciones torpes con traductor nos hacían reír. Y de pronto, me sentí viva.

Conectar sin idioma, desconectar de mí



Nos vimos. Caminamos. Compartimos comida y sexo. Fue hermoso y abrumador. Él era tierno, presente, libre. No necesitaba de nadie. Y eso me sedujo… pero también me asustó.

Me di cuenta de que gran parte de mi necesidad afectiva no tenía que ver con él, sino conmigo. Con mi niña interior buscando un hogar. Un refugio. Un “quédate”. Y él no venía a salvarme. Venía a vivir. Y yo no sabía cómo encajar ahí.

Romantizar para no mirar

Me vi construyendo una historia de película: El polaco guapo que me rescata del exilio emocional. Y eso no existe. Al menos no como lo soñé. Entendí que mi ansiedad no era por él. Era por mí. Por no saber poner límites. Por esperar que otro llene el hueco que aún no logro abrazar sola.

Cierre del capítulo

Él no fue el problema. Fue el espejo. Fue la alerta. Fue la pregunta: ¿Qué espero de un vínculo? ¿compañía, pasión, ternura, o todo a la vez?

Y entendí que mientras no me lo dé yo, seguiré buscándolo en cuerpos vacíos. El deseo puede ser un camino. Pero no uno, en verdad.


Si este relato te tocó, compártelo. Que otras voces también se levanten.

📣 Sígueme y acompaña esta historia migrante:

👉🏽 @sinvisaconvoz
👉🏽 @abogadadianamigrante

#SinVisaConVoz #HistoriaMigrante #VocesQueResisten #HistoriasQueSanan

 

 

octubre 16, 2025

Enlaces Sociales

Most Popular

Un nuevo integrante en Sin visa, con voz: César Sepúlveda

Un nuevo integrante en Sin visa, con voz: César Sepúlveda

enero 15, 2026
Pablo: El acto heroico de salir de mi País.

Pablo: El acto heroico de salir de mi País.

diciembre 11, 2025
Capítulo 10: Ser despedida también es liberación

Capítulo 10: Ser despedida también es liberación

noviembre 06, 2025
  • enero 20261
  • diciembre 20251
  • noviembre 20252
  • octubre 20255
  • septiembre 20253
  • agosto 20252

Buscar este blog

Translate

Footer Menu Widget

  • Home
  • Contacta con nosotros
Designed with by Way2T | Distributed by Gooyaabi